Dios y yo somos íntimos amigos,Dios y yo nos queremos como hermanos.
Él tiene para mí llenas sus manos
de bálsamos, de almíbares de trigos.
Yo tengo para Dios todos los higos
de mi huerto interior y los lozanos
frutos de los espléndidos manzanos
de una fe que se expresa sin testigos.
Dios y yo caminamos siempre juntos,
tratando de encontrar los mismos puntos
donde tienen unión nuestros amores.
Así vamos por montes y ciudades:
¡yo siempre bendiciendo sus bondades,
Él siempre perdonando mis errores!
Araya, Carlomagno. Mina y montaña. Litografía e imprenta LIL S.A. 2009








